viernes, 4 de noviembre de 2016

Nuevo paradigma neoliberalismo vs estatalismo


La muerte de los grandes relatos, la proclamación del fin de la historia, la falta de una cosmovisión que lo explique todo y la vida en un cambio en continua y frenética transformación producen en el ser humano un cierto pánico existencial. 

El sistema capitalista ha triunfado en todo el planeta y ha implantado la idea de que con dicho triunfo acaba la Historia. Toda alternativa o duda es automáticamente ridiculizada como "utopía", ideas alocadas de juventud o incluso el germen de un genocidio. La contrarrevolución aparece como ese pequeño complejo, ese miedo a parecer raro y marginal. 

La antigua división izquierda-derecha ya no sirve, no funciona. El paradigma actual es estatalismo-neoliberalismo. La contraposición al neoliberalismo está produciendo extraños compañeros de trinchera como son algunos grupos comunistas o de extrema izquierda con algunos grupos fascistas o de extrema derecha. Esta unión o confluencia de objetivos, actualmente, se está dando en lugares y países concretos donde partidarios de ambas tendencias ven más semejanzas en el contrario. En Rusia, donde la llegada del capitalismo salvaje fue un trauma que entró más pronto y más rápido en la sociedad, esta confluencia se dio antes. Los nacionalbolchebiques de Eduard Limonov podrían pasar por meros frikis si no fuera porque son tolerados por el Partido Comunista de la Federación Rusa de Ghenadi Zhiuganov así como que dicho partido a su vez participa codo a codo en manifestaciones con grupos ultranacionalistas monárquicos. La hoz y el martillo ondea junto a iconos religiosos y no es de extrañar.


Ilustración esquemática de la ideología de Alexandr Dughin, asesor ideológico tanto del Partido Comunista de la Federación Rusa como de algunos sectores de la extrema derecha de Europa Occidental.

Las semejanzas entre el comunismo y el fascismo son cada vez mayores no por méritos propios sino porque ante estos dos modelos se ha antepuesto un capitalismo liberal que los ha arrojado a ambos a la misma trinchera del estatalismo.

Ambos abogan por un Estado fuerte que tome decisiones económicas importantes para lo cual necesitan sacudirse el yugo de organizaciones supranacionales tales como la OTAN, Unión Europea, etc.

Ambos son contrarios a la actual cultura de consumo de masas a la cual consideran decadente y perversa y ante la cual prefieren una cultura popular más tendente al folclore y al clasicismo.

Ambos son contrarios al sionismo, si bien los comunistas lo consideran un movimiento de la clase capitalista internacional e interracial y los fascistas como una estrategia secreta de un pueblo al que consideran creador y principal beneficiario del capitalismo mercantil, el pueblo judío.

Detrás de los relatos históricos hay una intención por construir un imaginario colectivo, un sentimiento de unidad nacional, un proyecto de país. Así pues el relato histórico de España podemos verlo plagado de gestas militares protagonizadas por aristócratas y mercenarios del poder de la Iglesia, furia guerrera como casi único valor patrio por encima de la inteligencia, emoción por encima de la razón, fuerza bruta y presteza para encarar cualquier orden, no son más que relatos construidos por las más rancias élites aristocráticas y burguesas conservadoras, castas militares y demás. Construir un nuevo relato, una nueva identidad en el que las clases populares sean protagonistas conscientes para encarar un proyecto revolucionario es una tarea de primer orden.

Crear una consciencia histórica en la cual la perspectiva sea únicamente la de las clases populares y en la que las batallitas dirigidas por y para engrandecer el patrimonio de la aristocracia pasen a un segundo o tercer orden. Como mucho esas gestas serían rescatadas habiéndolas contextualizado y limpiado de toda impureza ideológica. 

Hoy en día estamos en un momento en el que algunos sectores de la extrema derecha se están acercando más a la izquierda social y la izquierda revolucionaria es a su vez un poco más nacionalista, patriota y menos cosmopolita. Todo esto se debe a que el triunfo de la ideología ultraliberal ha colocado a estas dos tendencias en el mismo extremo sin que esta lo quiera. Dicha ideología se nos está presentando como un enemigo común.

Si la izquierda entendiera que el primer patrimonio del cual el pueblo ha de adueñarse es la patria misma quién sabe lo que podría lograrse.